viernes, 2 de diciembre de 2011

El gran crack del 29, similitudes y diferencias con la que hoy vivimos.

Sacudidos hoy por una crisis financiera y económica que creemos la mayor de la historia, sin precedentes, es bueno acudir a las hemerotecas para documentarnos y comprobar que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.


Porque la crisis actual guarda increíble similitudes con aquella otra gran crisis del 29 que sacudió EEUU y Europa con vehemencia. Por aquel entonces, la burbuja bursátil americana condenó a todo el sistema financiero mundial existente hasta tal punto que su desencadenante fue la mayor guerra de la historia de la humanidad.

Pica en la imagen para ampliar.

Veremos, en el magnífico documental que os ofrezco en el post, como las instituciones no acertaron en sus remedios, como los grandes personajes, los más influyentes del momento, no supieron prever el verdadero alcance de la dimensión de aquella crisis económica... veremos que la historia es una sucesión de hechos cíclicos en los que sólo varía la frecuencia de los mismos. 


Más de un lector se sentirá identificado con aquellos momentos dramáticos, que narra el vídeo que os subo, en la actual tesitura... y lo más sorprendente; que muchas e ineficaces medidas adoptadas en su momento son las mismas que mantienen las autoridades más influyentes en la actualidad.


Sin más os dejo con el espeluznante y excelso vídeo que se os hará corto por lo bien estructurado y explícito que resulta.


miércoles, 19 de octubre de 2011

Una de los Tercios: D. Cristobal de Mondragón.

Hoy repetimos con los tercios como protagonistas en nuestro habitual recorrido histórico. Y lo hacemos para aprovechar la pluma de nuestro genial juglar favorito, D. Arturo Pérez Reverte, en uno de sus últimos artículos.


Nuestro protagonista es D. Cristobal de Mondragón y Otálora, uno de los más grandes militares de aquellos fabulosos tercios que sometieron Europa durante tantas décadas. Un personaje ciertamente singular y semi-desconocido por gran parte de sus paisanos.


 Del blog del Coronel Ruíz de Eguilaz os extraigo esta descripción del valeroso personaje:


EL PIONERO EN LOS VADEOS Y ASALTOS: DON CRISTÓBAL DE MONDRAGÓN Y OTÁLORA

Decían los veteranos que Don Cristóbal de Mondragón y Otálora era de Miranda del Ebro, pero todos lo presumían vasco por su apellido, corta lengua y largas obras. Él no lo desmentía, pues por sus venas corría sangre vizcaína. Fue conocido como Coronel de Valones, aunque su auténtico título era el de Maestre de Campo.

Fue el primero en atravesar con sus soldados los países inundados por los flamencos. El agua helada hasta las barbas durante trechos que llevaron horas recorrerlos, y así se apoderó de la isla y ciudad de Goes. Pero, no conformándose con hacerlo una vez, volvió a repetir la hazaña tomando Dubilandea, con Ossorio de Ulloa. Tres leguas y medias anduvo el Coronel de Valones Mondragón con sus soldados, para asistir a Isidro Pacheco.

Los españoles, siguiendo devotamente a D. Cristóbal, marchamos esa vez desnudos, la pica al hombro, y colgando del extremo una talega con pan y queso y la pólvora. En la otra mano, los pertrechos mortíferos. Cruzamos el pantano, otra vez con el agua a la cincha, a veces por las rodillas y otras veces hasta la boca. Pero, por si fuese poco, en el fragor de una tormenta. Cuando caímos sobre los flamencos, los aterrorizados enemigos pensaron que éramos monstruos marinos. Tal fue el coraje y la furia de la acometida nuestra.

Pasó a mejor vida D. Cristóbal de Mondragón cuando era anciano y Alcaide del Castillo de Amberes, en el castillo del que era castellano. Y murió como un roble de 89 años, tras haber servido con esfuerzo y valor al Emperador Carlos y al Rey Felipe. Temido por nuestros enemigos. Venerado por el ejército católico. Sus restos mortales fueron traídos a Medina del Campo, donde abrió por primera vez los ojos a la luz.
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Aquí os dejo el magnífico artículo de Pérez Reverte, una de sus deliciosas descripciones que tanto gustan en nuestro blog.


Una historia de violencia. Arturo Pérez Reverte.


Me dan la bronca algunos lectores veteranos porque hace tiempo que no hablo de esos personajes e historias del pasado que a veces, para bien o para mal, ayudan a encajar el presente. Así que, para quienes echan de menos las historias del abuelo Cebolleta, hoy tocamos esa tecla, recordando a uno de esos fulanos sobre los que, de nacer en otro sitio, habría novelas, películas y series de la tele. Pero nació aquí, aunque pasó la vida fuera de España, ganándose el pan con una espada. Así que tenía pocas posibilidades de figurar en los libros de texto de los colegios. Como dijo no recuerdo qué político analfabeto de los que mezclan churras con merinas, la violencia no educa. 

Año 1547. La España del emperador Carlos V tiene al mundo agarrado por las pelotas. Los príncipes protestantes se han puesto flamencos, y les caen encima, entre otros, los tercios de infantería española. La cosa se dilucida en Mühlberg, con el río Elba entre los ejércitos del elector de Sajonia y el del emperador. Se acomete la gente, se retiran los luteranos, y en mitad del pifostio hay un momento delicado. Huyendo ante el empuje de la vanguardia mandada por el duque de Alba, que siega como una guadaña, los alemanes -marcando el paso de la oca, o lo que marcaran entonces- pasan el río por un puente de barcas, lo recogen en la otra orilla, y para defender el único vado y cubrir su retirada acumulan allí enorme cantidad de artillería y arcabuceros. De manera que al llegar los españoles granizan balas sobre los arneses. El de Alba, cabreadísimo, va de un lado a otro sin saber cómo hincarle el diente al asunto, pues los tudescos van a enrocarse tras las murallas de la plaza fuerte, y de allí no los sacarán ni con Tres en Uno. El emperador está a punto de llegar con el grueso del ejército, encontrando el paso bloqueado; y además, los enemigos empiezan a incendiar las barcas. Como para ingerir cianuro. 

Entonces ocurre una de esas cosas que a veces nos pierden a los españoles y otras nos salvan. Algo muy nuestro. Muy de aquí. Porque de pronto, en mitad del carajal, a un soldado del Tercio Viejo se le va la pinza y empieza a ciscarse en los alemanes y en todos sus muertos; y jurando en arameo se pone la espada entre los dientes, echa a nadar por el vado bajo una lluvia de arcabuzazos, llega a la orilla con dos cojones, arremete contra los alemanes echando espumarajos, y mata a cinco. Tras él, por vergüenza torera y porque está feo dejarlo ir solo, se han echado al agua su capitán y nueve soldados, que salen chapoteando y gritando «España, cierra, cierra», como animales. Imagínense el cuadro y las pintas de mis primos, aullando mojados de barro y con ojos de locos, de mucho matar, con sus barbas, espadas, escapularios y demás parafernalia. De ese modo los colegas llegan a tiempo de ayudar al que pelea a la desesperada, acuchillando a mansalva. Así, entre los diez, hacen un escabeche de toma pan y moja. Y mientras los alemanes deciden que es momento de salir por pies a buscar unas cervezas, los españoles, chorreando agua y sangre ajena, apagan el incendio, reconstruyen el puente, y cuando llega el emperador, su ejército lo pasa tranquilamente, alcanza al enemigo, y al elector de Sajonia y a su puta madre les da las suyas y las de un bombero. 

Después, Carlos V pregunta quién fue el majara que cruzó el río. Y le presentan a un oscuro soldado de padres vascos aunque nacido en Medina del Campo, llamado Cristóbal Mondragón. Y allí mismo, sobre el campo de batalla, el emperador lo llama «el mejor soldado del mejor tercio de la infantería española» y lo nombra alférez. Al capitán que lo siguió lo asciende a maestre de campo, y a los nueve soldados les da tanto dinero que Lope de Vega, en su comedia El valiente Céspedes, dirá más tarde que los ha cubierto de oro. 

¿Colorín colorado? Casi. Y no como habría debido ser. Con el tiempo, Mondragón se convirtió en uno de los más destacados militares españoles en las guerras de Flandes. Amado por sus hombres, eso le granjeó -no podía ser de otra manera-, odios y envidias en España. Y Felipe II, al que sirvió con tanta devoción y valor como al padre, se portó con él como un miserable. Cuando ya veterano volvió a su patria y solicitó expediente de nobleza, los jueces se las arreglaron para inventarle antepasados judíos. Humillado, lleno de amargura y vergüenza, Mondragón regresó a Flandes, de donde no había de volver nunca. Acabó con noventa años, digno hasta el fin, ordenando que lo pusieran en la ventana para que sus soldados, que lo adoraban, lo viesen morir. En su testamento pedía, en pago a sus servicios, la castellanía de Amberes para su hijo y una capitanía de lanzas para su nieto. El rey, naturalmente, no concedió ni la una ni la otra.
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Y aquí os dejo un antiguo relato sobre otra de las batallas heroicas de las libradas por los Tercios al mando del inmortal D. Cristobal de Mondragón, el mejor soldado del mejor tercio de la infantería española, como diría de él el emperador Carlos V.



 LA OFRENDA DE DUBILANDEA A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

"En el año de mil y quinientos y setenta y cinco, a veintiocho de septiembre, víspera de San Miguel, el Capitán Isidro Pacheco con otros capitanes y dos mil soldados, vadearon un piélago de mar de dos leguas en el país de Dubilandea a pié para ganalles unos fuertes quél enemigo tenía hechos, en unos pasos que eran de mucha importancia, y no lo hicieron tan secreto quel enemigo no fuese dello avisado, y salieron al paso con unas barcas y garabatos y palos y otras muchas armas en las barcas, para matar a los españoles que iban metidos en el agua hasta la cintura, y a veces a los pechos y otras veces a la espinilla, y mataron más de cincuenta españoles, y de otras nacionaes con aquellos palos y garabatos, y como iban metidos en el agua no podían pelear, más se defendieron muy valerosamente y si no fuera por el mucho ánimo con que pelearon, no quedara hombre de todos, según la muchedumbre que a ellos salió y con tanta ventaja, y ansí pasaron intolerable trabajo y fortuna en aquella mar hasta salir en tierra, adonde estaban cinco mil luteranos aguardando que saliesen, muy alegres y contentos, entendiendo tener ellos cierta la victoria, y no hicieron más de salir del mar y escurrírseles el agua de las ropas, cuando vinieron sobre ellos tres escuadrones de enemigos con una furia infernal.
Lo cual, visto por los españoles, el sitio y lugar adonde estaban, y que no tenían remedio de socorro ni ayuda de ninguna parte, encendidos en cólera y mortal rabia sus fogosos corazones, arremetieron con los enemigos con ánimo y esfuezo peregrino. Más los franceses con muestra valerosa resisten la allegada presurosa de los contrarios ánimos sangrientos, más la gente española valerosa aunque pasen grandes impedimentos, con temeroso coraje porfiado, rompieron por lo más fuerte ymás cerrado, haciendo grande estrozo y cruda guerra.

Hierve el coraje y crece la contienda en la española gente belicosa, y atruena aquel valle, el gran bullicio, armas grita, clamor triste se oía, y ansí la española gente victoriosa con prestas manos y pies ligeros siguieron a los enemigos más de media legua, hasta donde tenían sus fuertes, haciendo grande matanza en ellos, que mataron más de dos mil y seiscientos con perdida de cincuenta soldados españoles.

Los enemigos se embarcaron a mucha priesa y los españoles cerraron con los fuertes y los ganaron, degollando cuanta gente había dentro, que cierto fué cosa milagrosa podellos ganar según la gran fortaleza que tenían y cierto questa gente pelearon tanto y con tantos enemigos enla mar y tierra que merecían ser de la eterna fama levantados, pues hicieron tan famosos hechos en sus tiempos más que los godos y romanos.

Y ansí ganados los fuertes les pusieron por nombre, por honra del santo, "los fuertes de San Miguel" por haberse ganado en su víspera, y dexaron allí muy buena guarnición".

lunes, 8 de agosto de 2011

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miércoles, 27 de julio de 2011

La leyenda del motor de agua español, ¿verdad o mentira?


A nadie escapa ya que el combustible fósil por excelencia, el petróleo, escasea en el orbe y su precio comienza a amenazar el progreso de la humanidad. A los que tenemos ya un buen puñado de décadas siempre se nos viene a la mente (ya hemos vivido varias crisis del petróleo... aunque ninguna tan preocupante como ésta del "peak oil" que transcurre en la actualidad) el nombre de un inventor español que fue noticia, allá por los años 40, Arturo Estévez Varela.


D. Arturo patentó nada más y nada menos que el motor de agua... hizo muchas demostraciones de su impecable funcionamiento con una motocicleta de la época. Su milagrosa mezcla de agua con unas piedras milagrosas hacían funcionar el motor de forma apta para circular.

Franco desechó la idea por el coste de la "piedras mágicas" que resultaron ser boro... A pesar de la nula viabilidad económica del motor de agua, D. Arturo Estévez fue un iluminado adelantado 70 años a su época... todos coinciden que el procedimiento, el sistema, es el adecuado para sustituir al petróleo en muy poco tiempo.

Otras familias españolas de inventores, científicos e innovadores siguen apostando por la idea... aquí os dejo el enlace de una de ellas presentando sus inventos.

Aquí tenéis un vídeo sobre el motor de agua español, no tiene desperdicio la frase de la Doctora Loreto Daza Bertrán: "quién tenga hidrógeno mañana será el que domine el mundo" ...

martes, 12 de abril de 2011

España, su historia y las quiebras de Deuda Soberana. Capítulo I



Estos días, con la solicitud de rescate por parte de la vecina Portugal, ha vuelto a ponerse de moda el asunto de las Quiebras Soberanas. Un hecho este que muchos profanos creen que son desconocidos e impensables en otras épocas... y se equivocan.

El país que tuvo el dudoso honor de estrenar dicho concepto en la historia fue, como no, el nuestro. Fue allá por el año 1.557 d.C cuando el mundo supo de la primera soberanía que dejó de atender el pago de sus deudas a sus deudores, para desgracia de la familia Fugger sobretodo. Nada menos que doce veces más recurriría al impago de lo reclamado en préstamo nuestro país. La última de ellas tras la guerra civil, cuando el régimen de Francisco Franco no reconoció la deuda soberana de la República, sí la de su bando, aduciendo que no había dinero en las arcas públicas para atenderla.

Nuestro país, como ya estáis leyendo, es todo un especialista en eso de practicar el "simpa" con sus acreedores. Varias circunstancias históricas y endémicas han hecho que tengamos tan dudosa reputación en la historia de los mercados financieros.


Esas causas endémicas son dos. La primera es que la ausencia de emprededores en nuestra economía se ha traducido en el peso y responsabilidad del Estado a la hora de acometer cualquier obra de infraestructura. Estar a la par con el resto de potencias europeas al respecto ha requerido obras faraónicas que pusieron en jaque las cuentas del estado en un buen puñado de ocasiones. La segunda causa fue mantener el alto coste que suponía el proteger el mayor imperio de la historia del planeta con costosas operaciones bélicas... desde Flandes hasta las Filipinas, pasando por las Indias, pasearon nuestros ejércitos bajo la promesa de una soldada que más de una vez nos llevó a la bancarrota. Algunas excepciones hubieron en los motivos que nos condujeron a la bancarrota como fue la disparidad de política económica de la casta política a lo largo del siglo XIX, siendo este motivo reflejado en su máxima expresión en los tiempos de la facción Conservadora liderada por Cánovas del Castillo y la Progresista de Sagasta, ¿les comienza a sonar de algo?

Carlos I de España y V de Alemania

El concepto de Deuda Soberana es de paternidad justamente adjudicada a nuestro rey Carlos I de España y V de Alemania. A la muerte de su padre Maximiliano I, en el año 1519, el primer Austria de nuestros monarcas se lanza en competición diplomática en pos del título de "Emperador de los Romanos" con el rey de Francia, Francisco I. La campaña es sufragada por Jakob Fugger que acepta el riesgo de tan costosa campaña con la condición de que Carlos I asumiera la deuda que ya tenía adquirida con él Maximiliano I.

El prestamista Fugger obliga a firmar a Carlos I unos reales asientos donde se recoge la cantidad prestada más sus intereses y establecía como garante las minas de plata, oro y sal y los impuestos que se cobraban en Castilla en caso de la desatención de la susodicha deuda. Así nació la Deuda Soberana.

El problema para Fugger fue que por aquel entonces no existían las agencias crediticias que evaluaban los riesgos y que Felipe II heredó un vasto Imperio "donde no se ponía el sol" y era costosísimo de mantener. Al poco tiempo de comenzar a reinar tuvo que proceder a la "suspensión de pagos de los reales asientos" debido a varios problemas. dichos problemas eran el alto coste militar que suponía mantener el Imperio, la hiperinflación que provocaba la llegada de grandes cantidades de oro de las Indias y el coste de la construcción de un aparato administrativo o de Estado con sus correspondientes, y corruptos, funcionarios (Cervantes fue uno de ellos... encarcelado por apropiación de impuestos, claro).

Felipe II.

Hasta tres veces tuvo que recurrir a la bancarrota el monarca Felipe II, acabando así con la fortuna de la casa Fugger y añadir la extrema dificultad de obtención de financiación externa para sus campañas bélicas. Se había dictado sentencia; a partir de ese mismo instante el Imperio estaba condenado a desaparecer con el tiempo.


También es patente nuestra el concepto del "Banco malo" (ése propuesto ahora por algunas cajas, lideradas por la Bankia de Rato, que consiste en cargar todos los activos tóxicos en un banco en cuya financiación participarían las entidades financieras en proporción alicuota a la cantidad de "porquería" que aportan y el Estado. Es una solución factible para evitar las descalificaciones de las agencias crediticias, controlar el volumen real de dichos activos tóxicos por parte del BCE y conseguir que las entidades, una vez limpias, puedan hacer fluir el crédito y su actividad bancaria con normalidad). El padre de dicho concepto financiero fue Carlos III, que creó el Banco de San Carlos... entidad que se encargaba de descontar el "papel" real y de liquidar el correspondiente 4% de interés fijado por el monarca. También era la entidad encargada de contratar los suministros militares y pagar la deuda exterior. Los inversores privados no encontraron negocio en la singular fórmula y dicho banco sobrevivió cargado de deudas hasta su absorcion por parte del Banco de San Fernando en el año 1829.

Os dejo un cuadro con todas nuestras bancarrotas a lo largo de la historia y con ello cerramos el capítulo de las mismas y nos centramos en las consecuencias... pero eso será en la segunda entrega del artículo la semana que viene.


miércoles, 16 de febrero de 2011

23-F, 30 años de las primeras bocanadas de perversión en nuestra democracia. Séneca.


A medida que van transcurriendo los años en nuestra vida, sobretodo en nuestro puñetero país, el desencanto ideológico e institucional hace más mella en nosotros. Es curioso como los niveles más altos de abstinencia política se dan en nuestra más incipiente juventud y en el ocaso de nuestras vidas... es ley de vida del españolito.

De mi abuelo, que en paz descanse, siempre guardaré una frase en el recuerdo que me acompañará hasta el final de mis días: "cuando nacemos en España lo hacemos siendo de izquierdas pero terminamos muriendo siendo de derechas". Es la sentencia de todo aquel que nace en un entorno humilde (España no es un país que brille, históricamente hablando, por la riqueza global de sus habitantes) y quiere ser constructivo y solidario para con su entorno; socialista, comunista, llámenlo como quieran... pero que acaba desengañado por los males endémicos que sacuden a nuestra particular raza. La tradicional "picaresca" española ya fue recogida por nuestros más ilustres escritores desde los orígenes mismos de este país que nos acoge. La corrupción, la traición interesada, la prevaricación, el soborno, el cohecho, la prostitución de nuestros ideales, ect... son monedas de cambio común en nuestro sistema social y nuestro mapa cromosomático desde que se tiene conocimiento de nuestra raza. Para muestra un botón: comprueben la lista de países más corruptos del mundo y verán que en lo más alto del ranking aparecen, en masa, aquellos que formaron parte de nuestro imperio y fueron colonizados según nuestro modelo social ibérico.

Por estos motivos creo que la reforma definitiva de nuestro país debe de provenir desde las aulas, desde la educación inculcada a nuestros menores en el momento que estos comienzan a tener uso de razón... pero nos estamos perdiendo en vericuetos, sigamos con el hilo.



Dentro de siete días, el golpe de Estado que más cerca estuvo de acabar con nuestra democracia cumplirá 30 años. Han pasado, por tanto, muchos años de aquello y aún hoy, lo que ocurrió, lo que pasó en aquellos instantes, sigue sin esclarecerse del todo. Aún quedan lagunas que no han visto la luz y serias dudas sobre la implicación y el número total de participantes en aquel oscuro capítulo de nuestra historia. Hoy os subo la versión más creíble, contrastada y confirmada de todo aquello y, créanme, bien podría ser el guión de un increíble trhiller de Hollywood escrito por el mismísimo Orson Welles. Pensar que este macabro acontecimiento se frustró en el último instante por la falta de entendimiento, a ultimísima hora, entre los golpistas "militares" y los golpistas "políticos y sociales" pone los pelos de punta... faltó muy poco para que el golpe de Estado tuviese éxito. Léanlo íntegro, no tiene desperdicio.

Dos barajas para un golpe. Victoria Prego.


Se llamaba Carmen y era médica. Militaba en UCD, pero no era diputada. Trabajaba en el equipo del entonces vicepresidente del Congreso, Modesto Fraile. Y el día en que se produjo el intento de golpe de Estado, ella estaba allí. “Allí” no significa solamente que se encontrara ese día en el interior del palacio de la Carrera de San Jerónimo. “Allí” quiere decir también que estaba muy cerca del recinto acristalado del edificio nuevo del Congreso, el lugar en el que Armada y Tejero celebran su primer encuentro, a gritos, en el transcurso del cual el segundo jefe de Estado Mayor del Ejército va desgranando, ante los atónitos oídos del teniente coronel que acaba de secuestrar al Gobierno y a toda la Cámara a punta de pistola, una lista apresurada con nombres propios adjudicándoles a cada uno de ellos una cartera ministerial. La doctora Echave escucha cómo aparecen socialistas, comunistas, centristas, democristianos y otros dos generales, además del propio Armada: el general Sáenz de Santamaría, como ministro de Autonomías y Regiones, y el general Saavedra Palmeiro, como ministro del Interior.
Apuntes originales de Carmen Echave tomados en el Congreso

Carmen Echave va anotando a vuela pluma en una página de su agenda toda aquella letanía de nombres y cargos que Armada trasmite a un Tejero cada vez más indignado por lo que oye. Con una letra urgente, que se va haciendo progresivamente ininteligible, pero que recoge todo lo importante, queda plasmada esa noche la composición completa, con todas las carteras, y en riguroso orden de protocolo, de un gobierno de concentración en el que participan representantes de todos los partidos políticos y que va a estar presidido por el propio general.
- Pero ¿cómo crees tú que van a votarte los diputados, estando amenazados por las armas?
-¡Pues claro que me votan!
Este diálogo forma parte de la conversación que, minutos antes de hacer a Tejero su propuesta de gobierno de concentración, había mantenido Armada con un escéptico Sabino Fernández Campo, por entonces secretario general de la Casa del Rey, a quien Armada acababa de proponer acudir al Congreso con semejante propuesta, asegurándole que eso haría desistir a Tejero de su intentona. Años más tarde, el propio Sabino relataría que Armada le había añadido un comentario más –“Los socialista me votarían”- a esa afirmación sorprendente. sorprendente entonces, habida cuenta de lo extremadamente delicado de la situación. No tan sorprendente ahora, al cabo de 25 años, cuando poco a poco se ha ido desvelando la auténtica realidad del clima político que precedió a la dimisión de Adolfo Suárez y al asalto al Congreso.
Durante muchos años nadie hizo caso de aquella información esencial que en la noche del 23 de febrero, y por una pura casualidad, había llegado a las manos de la doctora Carmen Echave: nada menos que la lista de ministros de un gobierno presidido por el general Armada. ¿Y por qué razón un elemento tan significativo como éste no pasó nunca de ser considerado como una anécdota irrelevante o una excentricidad de Echave, a pesar de que la doctora, ya fallecida, estuvo repitiendo una y otra vez, durante muchos años, su versión de lo presenciado por ella aquella noche, sin cambiar una coma?
General Alfonso Armada, el previsto presidente de Gobierno golpista.

SE IMPONE EL SILENCIO
En primer lugar, y como elemento más inmediato para la respuesta, porque el entonces ministro del Interior, Juan José Rosón, a quien ella transmitió a los pocos minutos los importantísimos apuntes apresuradamente recogidos en su agenda, le había pedido que fuera muy prudente. Y lo fue.
Y, en segundo lugar, porque, desde el primer instante posterior al golpe, existió una deliberada voluntad política de reconducir la situación, de manera que se provocara el menor daño, circunscribiendo las responsabilidades, y las implicaciones directas e indirectas, al mínimo número de personas posible.
Eso lo explica muy bien el que fue investido presidente del Gobierno inmediatamente después de fracasado el golpe, Leopoldo Calvo-Sotelo: “Algunos venían a verme y me decían: “Hay que seguir la trama civil”. (...) No me da la gana, porque la trama civil te lleva a perseguir a 300.000 personas. Es que, aunque el golpe no tenía raíces tan profundas como temí al principio, qué duda cabe que si hubiera triunfado Tejero, tesis que no me atrevo ni a escenificar, y hubiera habido un gobierno de Armada, pues a lo mejor la manifestación en su apoyo no hubiera sido de un millón como fue la de Madrid (el 27 de febrero, en apoyo de la democracia y la libertad), pero quizá hubiera sido de 800.000 gritando: “¡Viva Armada!”.
Independientemente del grado de deliberada exageración a la que recurre el ex presidente para explicar su decisión de acotar el problema lo antes posible en lo que a responsabilidades se refiere, cuando Calvo-Sotelo habla de esos 300.000 civiles presuntamente implicados en el golpe, está hablando de una realidad patente, aunque numéricamente fuera mucho más escasa; la realidad de que, desde la primavera de 1980, es decir, muchos meses antes de que se produjera el golpe, en España se estaban ya produciendo centenares de movimientos y de contactos políticos destinados a ejercer la máxima presión para que Suárez abandonara su puesto y fuera sustituido por un hombre de su propio partido o por un gobierno con presencia de todas las fuerzas parlamentarias.

La veda sobre Suárez se había abierto mucho antes, pero cobra auténtico cuerpo y entidad ante la opinión pública tras la moción de censura que el PSOE presenta contra él en mayo de 1980. Hasta ese momento, lo que ha habido, sobre todo, han sido reuniones, almuerzos, conciliábulos y reflexiones publicadas en la prensa, en las que participan políticos, banqueros, empresarios, militares, y miembros de los servicios secretos... que elaboran decenas de informes que llegan puntualmente al Palacio de la Zarzuela y a manos del Rey.
Sucede, además, que en el transcurso de esa moción de censura que deja aplastado contra las cuerdas a un Adolfo Suárez a quien los propios y los ajenos han perdido ya el respeto político, el líder socialista, Felipe González, le acusa desde la tribuna de oradores de haber intentado abrir negociaciones con ETA para tratar de buscar alguna clase de acuerdo que detenga la sangría de asesinatos que está destrozando al país. Ese año de 1980 es, precisamente, el año en que ETA bate el récord de asesinatos de toda su historia: cerca de 100. Un buen número de ellos son miembros de las Fuerzas Armadas, de la policía y de la Guardia Civil.
A esas alturas de la vida política española, numerosos altos mandos del Ejército han considerado ya la posibilidad de un levantamiento militar que acabe con ese estado de cosas. Las reuniones y conspiraciones para un golpe son incesantes, aunque todavía en estado de nebulosa. El primer asesinato de un militar a manos de ETA se produce en noviembre de 1977. El segundo tiene lugar en Madrid en julio de 1978. Un general y un teniente coronel mueren en atentado precisamente el mismo día en que el Congreso vota solemnemente el proyecto de Constitución. Ya entonces, los portavoces de los grupos parlamentarios hacen apelaciones para que los militares no se dejen caer en la tentación de acabar con el proceso democrático que está en marcha. Eso es lo que dice, por ejemplo, el vicepresidente de Defensa, el general Gutiérrez Mellado: «Estos criminales atentados pretenden romper España, lograr que el Gobierno y las fuerzas políticas pierdan los nervios, que las Fuerzas de Orden Público se sientan intranquilas y que las Fuerzas Armadas duden».
¿Duden de qué? Duden de si responder a la provocación asaltando el poder político constituido. No es, pues, ninguna sorpresa para la opinión pública española el hecho de que en los cuarteles haya agitación y crezcan las tentaciones golpistas. Tampoco son nuevas las noticias que recoge la prensa cada día de la situación de debilidad progresiva del Gobierno de la nación. En el verano de 1980 son frecuentes en los medios de comunicación titulares como los siguientes:
- Junio de 1980: “La sustitución de Suárez está en marcha”. En ese mismo mes, un sondeo realizado para la revista Cambio-16 publica una encuesta según la cual solamente el 12,1% de los electores votaría a Suárez como presidente del Gobierno. Por el contrario, a Felipe González le votaría un 26%.
- Septiembre de 1980: “En términos históricos, el papel de Suárez ha terminado”, dice el líder socialista en unas declaraciones a la misma publicación.
Sorpresa, pues, por ese lado, ninguna. Es más, en el mes de octubre de ese mismo año, Felipe González concede una entrevista en la que declara que “si la situación sigue deteriorándose, iniciaríamos de nuevo una moción de censura”. Lo llamativo de esa propuesta es que, precisamente por aquellas fechas, el propio general Armada envía al Palacio de la Zarzuela un informe, que es conocido por el Rey, en el que se describe en términos catastróficos la situación política y en el que también se dice que la salida a tanto caos podría ser, precisamente, el planteamiento de una segunda moción de censura contra Suárez. Pero, a diferencia de la anterior, esta vez, dadas las gravísimas circunstancias por las que atraviesa España, dice el documento, el jefe de la oposición se abstendría de presentar su candidatura alternativa a la Presidencia del Gobierno. El Congreso votaría entonces la constitución de un gobierno de concentración nacional presidido por una figura políticamente neutral y no perteneciente a ningún partido: un historiador de prestigio, un catedrático... o un general, sugiere el informe.
El ex Teniente Coronel Antonio Tejero en una foto reciente.

GOLPE DE TIMON
¿Estamos entonces ante una connivencia de los responsables políticos con una operación militar de tipo golpista? De ninguna manera. Todos estos movimientos, en los que el líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, participa también muy activamente, según registra en sus memorias, responden a la clara inexperiencia y falta de responsabilidad de los dirigentes políticos en activo, que siguen teniendo en la mente como solución posible a los males que aquejan al país el recurso a una autoridad situada al margen de los partidos, políticamente neutral y que sea bien vista por la Corona.
Esto del recurso a un general blanco, liberal y de prestigio tampoco es a esas alturas, año 1980, un proyecto novedoso. Ya en 1974, en vida de Franco, Santiago Carrillo había intentado proponer al general Manuel Díez Alegría para que desempeñase un papel de “bisagra” entre el régimen y la oposición para hacer posible la transición política a la muerte del dictador. Varios generales liberales fueron después repetidamente tentados con esa idea, sobre todo durante los primeros meses de la Monarquía. Pero la última noticia pública que se tiene en la prensa de este juego teórico, del que los políticos nunca llegaron a calibrar los riesgos antes de que el 23 de febrero de 1981 surgiera con toda su fuerza el peligro del golpe, fue una declaración hecha por el andalucista Alejandro Rojas Marcos en el mes de agosto de 1980. Según las palabras de Rojas Marcos, recogidas por la revista Cambio-16, “el general de brigada del Ejército de Tierra Álvaro Lacalle Leloup sería el militar que el Partido Socialista Obrero Español estaría dispuesto a apoyar en sustitución del actual presidente del Gobierno, Adolfo Suárez”. El vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra, se apresuraría inmediatamente después a desautorizar públicamente a su compañero con uno de sus ácidos comentarios: “Rojas Marcos debería de preocuparse más de la siega, de la siembra y de que la ley de fincas mejorables no le afecte a él”.
El caso es que, con declaraciones imprudentes o sin ellas, de lo que los dirigentes políticos, líderes empresariales, banqueros y hasta obispos y nuncios vaticanos hablan en 1980 es de lo que Josep Tarradellas bautizó con el nombre de “golpe de timón”, una medida capaz de reconducir la incierta situación política y económica española, azotada brutalmente, además, por los ataques terroristas. Y es exactamente eso, un golpe de timón, y no de Estado, lo que la clase política habría apoyado en el Congreso si la dimisión de Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981 no se hubiera adelantado a los acontecimientos y dejado sin sentido la operación en curso. Marcos Vizcaya, portavoz entonces del grupo parlamentario del PNV, también ha pasado años explicando al estilo de la doctora Echave, es decir, sin cambiar una coma su versión, que él personalmente fue sondeado por el propio Alfonso Guerra y por Gregorio Peces-Barba sobre la posición que adoptaría su partido ante la posibilidad de que la grave situación del país exigiera un gobierno de concentración. “El momento más peliagudo”, cuenta Marcos Vizcaya en “El enigma del Elefante”, de Prieto y Barbería, “se produjo cuando recabaron mi opinión sobre la idea de poner al frente de ese gobierno a un independiente prestigioso. Me preguntaron qué me parecería si ese personaje fuera un militar. Les dije que no veía clara la sustitución de un gobierno legítimo sin una convocatoria electoral (...) Yo no creía en el mirlo blanco del militar independiente”.
En otro libro, 23-F, la verdad, de Francisco Medina, recientemente publicado por Plaza & Janés, en el que se recoge la mejor descripción conocida hasta la fecha del clima político y militar que rodeó al golpe, se afirma además que, en una fecha tan temprana como el mes de julio de 1980, el propio secretario de la Casa del Rey, el general Sabino Fernández Campo, comparte con uno de sus compañeros de armas, el general José Ramón Pardo de Santayana, el contenido de la llamada “solución Armada”, y le dice que cuenta ya con el respaldo de las demás fuerzas políticas y que incluye un gobierno de concentración nacional. Todo lo cual queda ratificado por el hecho de que, dice Sabino, “al Rey se le ha caído la venda de los ojos (...) y ya se ha dado cuenta de quién es Suárez”.
Un último dato para ilustrar algo más esta última confesión. Tiempo después de la dimisión de Suárez, Santiago Carrillo, probablemente uno de los pocos que no llega a participar nunca en los movimientos reconductores, le hace un sarcástico comentario al ya jefe de la Casa del Rey. Tiempo atrás, en el transcurso de una audiencia con Don Juan Carlos, el Monarca le había hecho saber a Carrillo su auténtica impaciencia por que, entre todos, consiguieran librarle de una vez de su todavía presidente del Gobierno. “Si eso me lo dijo a mí”, comentaría Carrillo a Sabino Fernández Campo, “¿qué no le diría a alguien como Milans del Bosch?”.
Intervención televisiva del Rey en los momentos finales del fallido golpe.

ESCARMIENTO
El asalto a mano armada al Congreso por el teniente coronel Tejero no es el golpe de timón que estaba pensado. Es un golpe, sí, pero de Estado. Y eso no es, ni de lejos, lo pensado en los cenáculos por la clase política. Inexplicablemente, lo que el general Armada no fue capaz de calibrar es que las dos barajas, la del acuerdo con los grupos políticos y económicos y la del pacto con los golpistas, no le iban a caber juntas en una sola mano. Por eso, cuando suenan los primeros disparos en el Hemiciclo, las posibilidades de Armada para sacar adelante el proyecto en el que él tenía un papel estelar se hunden en un instante. Pero no se da cuenta y trata, a pesar de todo, de resucitarlo. Desde ese punto de vista, están plenamente cargadas de sentido las palabras de Sabino cuando le autoriza a acudir al Congreso a entrevistarse con Tejero y proponerle esa fórmula de gobierno de concentración: “Pero ¿cómo crees tú que van a votarte los diputados, estando amenazados por las armas?”. Lo que resulta de todo punto asombroso es que en la respuesta de Armada –“¡Pues claro que me votan!”- no aparezca ni el menor vestigio de comprensión de lo que verdaderamente ha sucedido.
Tras el fracaso del golpe del 23-F, la clase política española escarmentó para siempre. Nunca más se produjo el menor coqueteo, el más mínimo intento de apoyarse en un uniforme para enderezar el rumbo del país. No sucedió, sin embargo, lo mismo con los militares: en octubre de 1982 el gobierno saliente de Calvo-Sotelo desmontaba un proyecto de golpe perfectamente organizado, y muy cruento, a cargo de un grupo de coroneles. Y, de nuevo en 1985, existió un plan para asesinar al Gobierno y a la Familia Real al completo con ocasión del desfile de las Fuerzas Armadas en La Coruña. Lo que, con el transcurso de los años, va quedando cada vez más claro es que aquella lista de gobierno anotada a mano en su agenda por la doctora Echave no era de ninguna manera el producto de una mente excéntrica, sino la demostración palpable de la existencia de un proyecto político plausible pero, afortunadamente, fallido.
El General Armada, condenado a 30 años de cárcel por el golpe e indultado, 10 años después, por Felipe González en 1991.

EL GOBIERNO DE ARMADA
Este es un fragmento de la página de la agenda en la que la doctora Echave anotó la composición del gobierno de concentración que el general Armada propuso al teniente coronel Tejero. A esas horas de la noche del 23-F, era ya evidente que el golpe caminaba hacia el fracaso, pero el todavía segundo jefe del Estado Mayor del Ejército hace un último intento de rescatar de entre los escombros de la asonada el proyecto político que le llevaría a él a la presidencia de ese gobierno. Armada contaba con que le apoyarían todos los partidos, despreciando el hecho determinante de que los diputados y el Gobierno legítimo en pleno estaban en ese instante preciso secuestrados por las armas:
- Presidente: general Alfonso Armada
- Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE)
- Vicepresidente para Asuntos Económicos: J. M. López de Letona (Banca)
- Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática)
- Ministro de Defensa: Manuel Fraga Iribarne (Alianza Popular)
- Ministro de Justicia: Gregorio Peces-Barba (PSOE)
- Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD)
- Ministro del Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro
- Ministro de Obras Públicas: José Luis Álvarez (UCD)
- Ministro de Educación y Ciencia: Miguel Herrero de Miñón (UCD)
- Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE)
- Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD)
- Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (presidente de la CEOE)
- Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (empresario)
- Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE)
- Ministro de Transportes y Comunicaciones: Javier Solana (PSOE)
- Ministro de Autonomías y Regiones: general José Antonio Sáenz de Santamaría
- Ministro de Sanidad: Enrique Múgica Herzog (PSOE)
- Ministro de Información: Luis María Anson (presidente de la agencia Efe)

viernes, 28 de enero de 2011

Rocroi, el principio del fin de nuestro Imperio.

Cuando uno evoca a los Tercios, lo primero que viene a la cabeza son palabras como Imperio, San Quintín, Flandes, el Duque de Alba (este curioso y sanguinario personaje de nuestra historia merece un post, prometido queda), Nápoles, el saqueo de Roma... y también, inevitablemente, Rocroi.

 Y es que Rocroi significó la primera gran derrota de nuestros formidables Tercios imperiales. Significó el principio del fin de la hegemonía europea y mundial de nuestro mejor cuerpo militar de élite (los Tercios son los antepasados directos de nuestra actual Legión), después de 150 años, entregándole tan prestigioso y preciado testigo a la caballería francesa absolutista del Rey Sol y su moderna artillería de apoyo.

 A pesar de que fechas más tardes los Tercios aplastaran a las tropas francesas en Valenciennes (Francia pidió la paz a España tras esta estrepitosa derrota... el no aceptarla fue nuestra tumba) los Tercios ya jamás volverían a brillar con el esplendor que los había encumbrado y llevado a conquistar casi toda Europa.

Monumento conmemorativo de la batalla de Rocroi. Se encuentra justamente en la ubicación dónde se desarrolló la acción.


 Aún en la derrota, los Tercios Imperiales españoles supieron mantener el aura heroico y épico que siempre los acompañó. A esa batalla pertenecen leyendas como la de aquél soldado de los Tercios que fue requerido por el Comandante francés, al llegar éste al lugar dónde se desarrolló la batalla, con la pregunta "¿cuantos erais?" y le moribundo soldado contestó "contad los muertos". esto que os acabo de contar es más leyenda que realidad, aunque el mayor grueso de las bajas de los Tercios eran españolas, sí hubieron supervivientes. Los franceses hicieron 3.826 prisioneros de los Tercios y fueron canjeados después 2.300 de ellos.

 Lo que sí es cierto es que, una vez perdida la batalla y en plena retirada de fuga del grueso del ejército español, los Tercios no retrocedieron y aceptaron su maldita suerte sin miedo ni vacilaciones; hasta tres veces fueron cargados por la caballería francesa y amartilleados por la artillería francesa una y otra vez... y a pesar de encontrarse agotados por haber llevado el principal peso de la batalla y sin munición.

Cuadro de la batalla desde la posición del duque de Enghen.

 Sin más preámbulos, os dejo con la recreación de la batalla al completo de manos de Jesús (de profesión militar español), uno de los miembros de la web gagomilitaria.blogspot.com, que os describe perfectamente como fueron aquellos históricos días.

LA BATALLA DE ROCROI.

 El portugués Francisco de Melo es el capitán general de los tercios de Flandes desde diciembre de 1641. Con el fín de aliviar la presión que ejercían los franceses que apoyaban las revueltas en Cataluña, diseñó una campaña militar para atraer sobre sí a los ejércitos galos. Las tropas francesas las manda Luis II de Borbón, Duque de Enghien, un joven de 21 años y con escasa experiencia militar.

 Melo y Enghien reunieron a sus respectivos ejércitos. El portugués ordenó el sitio de la villa de Rocroi sita en lo que hoy es la frontera franco-belga, y dirigió hacia el lugar a todas las tropas disponibles, que fueron llegando y ocupando posiciones con vistas a un inminente asalto. Mientras tanto Enghien, avisado de las intenciones españolas, dirigió sus efectivos para romper el cerco de la ciudad y provocar una batalla en campo abierto. Para hacerlo debía atravesar un desfiladero, que Melo imprudentemente no ocupó, permitiendo a los franceses tomar posiciones en la llanura con relativa facilidad. Quizás el portugués pensó que Enghien solo quería dar socorro a la plaza y no forzar la batalla en campo abierto. Lo cierto es que este error fue decisivo en el transcurso de las operaciones posteriores.

Despliegue inicial de los ejércitos.

 Franceses y españoles disponen de un número similar de fuerzas. La presencia en las cercanías de un cuerpo de ejército al mando del general barón de Beck podía haber desequilibrado la balanza a favor de los imperiales, pero su presencia fue tardía en el campo de batalla y no pudo aportar nada, salvo recoger los restos del desastre.
El día 18 de mayo ambos ejércitos formaban en orden de combate uno frente a otro. El general galo Gassión hizo una tentativa fallida por socorrer la plaza. Al caer el día el francés barón La Ferte también lo intentó con la caballería. Enghien le ordenó volver rápidamente viendo que quedaba el flanco izquierdo desguarnecido. Si Melo hubiera tomado en ese momento la iniciativa podría haber puesto en serios aprietos a los franceses, pero su inmovilidad pudo ser un nuevo error a la lista de despropósitos de aquellas aciagas jornadas.

 En las fuentes que he consultado se refleja la dificultad por conseguir información veraz del despliegue de la infantería española. ¿Dos líneas? ¿Tres? ¿O cuatro?. Lo que si es cierto es que los tercios españoles ocupaban la posición más expuesta en la vanguardia, "privilegio" que tenían por ser verdaderas tropas de élite y por el carácter orgulloso de quienes las componían. El honor y la honra tenía casi más valor que la propia vida. A tal punto se llegaba que oficiales y tropa tenían auténticos conflictos por ver quienes eran los que se pondrían al frente del tercio. Incluso estaba tipificado un castigo para aquél que se saltara el orden de combate preestablecido. Sin duda eran otros tiempos. Era de lo más frecuente ver a los oficiales y a gente particular ocupar la primera línea con una pica o un mosquete en la mano o encabezando el asalto a una brecha.



 Los tercios españoles eran los de Velandia, Castellví, Garcíes, Mercader (ex -Alburquerque) y Villalba. El nombre respondía al del maestre de campo correspondiente. En posiciones menos expuestas estaban los tres tercios italianos junto con uno borgoñón, cuestión que tuvo su importancia como veremos más adelante. Los tercios valones y alemanes formaban en la reserva. Estas eran las tropas de infantería mandadas por el Conde de La Fontaine, hombre anciano que tenía que moverse en el campo de batalla en silla de manos por padecer gota.

 El ala izquierda de la caballería imperial estaba mandada por el Duque de Alburquerque y estaba integrada por los jinetes de flandes, y el ala derecha por el Conde de Isemburg con escuadrones alsacianos. La artillería la mandaba Don Alvaro de Melo, hermano del Capitán General, y se reparte por el frente del despliegue español.

 Los franceses también se presentan con la caballería en las alas como era habitual en la época. En el ala izquierda dos líneas mandadas por La Ferté Senneterre y L'Hopital. En la derecha Gassion y el propio duque de Enghien. En el centro la infantería forma en dos líneas, la primera mandada por Espernan y la segunda por Valliere. En reserva se situa Sirot con tropas mixtas de infantería y caballería. La diferencia entre el planteamiento español y francés es que este último intercalaba entre las unidades de caballería a tropas de infantería, principalmente mosqueteros. Esta táctica ya había sido introducida años atrás por Gustavo Adolfo de Suecia con muy buenos resultados.



 Durante la noche Melo ordena que 500 mosqueteros elegidos tomen posiciones en una arboleda cercana situada a la izquierda del despliegue español, con el fín de tomar alguna ventaja en el campo de batalla. En el devenir de la batalla esta decisión no tuvo ningún peso y los mosqueteros fueron sacrificados inutilmente.

 Con las primeras luces del día 19 los franceses atacan con su caballería el flanco izquierdo español. Son rechazados por los de Flandes que manda Alburquerque y los escuadrones de caballería se reagrupan al amparo de las unidades de mosqueteros que las acompañan. Al mismo tiempo Enghien, que ha recibido noticias de la presencia de los españoles en la arboleda cercana envía unidades que los sorprenden y desalojan de sus posiciones.

 Entre tanto una segunda línea de caballería francesa rodea la arboleda tratando de sorprender a los jinetes de Alburquerque. El duque realiza una contracarga pero se ve atrapado por el fuego de los mosqueteros franceses que acompañan a la caballería y por los disparos de las unidades que han tomado la arboleda. El resultado es que la caballería española del ala izquierda se rompe y se deshace.

 En el ala izquierda La Ferte, sin autorización de Enghien, carga con la caballería. Isemburg, viendo la maniobra envía a sus jinetes que desarbolan el ataque francés. En su empuje la caballería alsaciana arrolla algunas unidades francesas y toma varias piezas de artillería. En este punto parece que los imperiales toman ventaja, pero los jinetes de Alsacia se dedican al saqueo pese a las protestas de Insenburg. ¿Era el instante para que la infantería española avanzara y decantara la batalla a su favor? Es posible. Lo cierto es que La Fontaine no hizo nada.


Primeros compases de la batalla.

 Volvemos a la izquierda del despliegue español. Enghien, después de derrotar a Alburquerque, arroja a sus jinetes contra los tercios que forman a la izquierda de la vanguardia española. Son los del Conde de Villalba y Don Antonio de Velandia. El combate debió de ser encarnizado. La prueba es que los dos maestres de campo citados anteriormente perdieron la vida en este lance. Es posible que también La Fontaine muriera en ese momento. En cualquier caso los tercios se mantuvieron firmes y no cedieron la posición.

 Hasta ese instante la contienda está igualada. Y es cuando Enghien, con una sorprendente maniobra desequilibra el combate del lado francés. Reorganiza sus unidades de caballería del ala derecha y se lanza contra los tercios de retaguardia valones y alemanes, los desorganiza y los derrota. Aprovechando el éxito de la maniobra los jinetes franceses sorprenden por la retaguardia a Isenburg, que de repente se ve atacado por dos lados, ya que La Ferte ha reorganizado en la retaguardia francesa a lo que queda de su caballería y la ha vuelto a lanzar contra los alsacianos. El resultado es desastroso para los imperiales. En poco tiempo lo único que queda firme son los tercios españoles e italianos.

 En una situación tan delicada los italianos comienzan a retirarse. Según parece fue Melo quien dio la orden, aunque a los italianos no les costó mucho obedecerla, ya que desde el comienzo de las operaciones se habían sentido muy molestos por no haber formado en vanguardia. Con sus banderas desplegadas abandonan a su suerte a los tercios españoles que quedan solos en el campo de batalla.

 Cinco tercios es el único escollo que le queda por salvar a Enghien para certificar su victoria. Pronto son rodeados por todo el ejército francés, que se ceba en ellos diezmándolos poco a poco. Haciendo un frente de picas la vieja infantería resiste con valor y entereza. Durante dos largas horas los hombres se agrupan en torno a sus banderas sabiendo que están solos en el campo de batalla. Rechazan hasta tres cargas. La última resistencia es la del tercio de Mercader, en esos momentos prisionero, mandado por su tambor mayor y que ha recogido a los maestres de campo Garcíes y Casteví. Los franceses, ante la tenacidad española, les ofrecen una rendición digna, que finalmente es aceptada a cambio de que se respete la vida al puñado de supervivientes y derecho de paso hasta Fuenterrabía. La única forma que tuvo Enghien de sacar a los tercios del campo de batalla fue ofreciéndoles una capitulación como si se tratara de una fortaleza, tal era la determinación y coraje de aquellos hombres, a pesar de que muchos de ellos estaban heridos, exhaustos y sin munición.

La maniobra decisiva de la caballería francesa, liderada por Einghen, que decidió la batalla.

 Las bajas entre los imperiales se podrían cifrar en unos cuatro mil muertos, la mayoría españoles, y entre dos mil y dos mil quinientos prisioneros. En el bando francés hablaríamos de unos dos mil quinientos muertos. Los que consiguieron escapar fueron recogidos por el barón de Beck, que con su presencia consiguió evitar la persecución de todas aquellas tropas dispersas.

El ocaso de la batalla.

 Varias pueden ser las causas de la derrota española. Por un lado quizás Melo infravaloró al ejército francés, al cual había batido un año antes en Honnecourt, y no tomó las decisiones acertadas para frenar el despliegue enemigo. También se ha comentado la deficiente puesta en escena de la infantería que diseñó La Fontaine y la falta de iniciativa en los momentos clave. La caballería imperial luchó bravamente, Alburquerque e Isemburg resultaron heridos, pero una cierta anarquía en su funcionamiento provocó que se dispersara por el campo de batalla y no se reorganizara en los momentos clave. Esto contrasta con el buen orden y disciplina de los jinetes de Enghien, que después de las cargas rehacían sus escuadrones, siendo de nuevo operativos. Sin duda las tropas más sacrificadas fueron los tercios. Valones, alemanes y borgoñones lucharon valientemente. Pero los que llevaron la peor parte fueron los españoles.

Finalmente caen las picas de los Tercios, por vez primera después de más de 150 años, ante el ejército francés.

 Sea como fuere el mérito de la victoria la tiene Enghien, que supo aprovechar los errores de sus rivales y, con una brillante maniobra rodeando la retaguardia imperial desarboló al ejército de Melo, dejándolo en una situación desastrosa. Hay algunas fuentes que atribuyen a Gassión el mérito de esta maniobra, pero la historia hasta el momento se la ha atribuido al entonces futuro Condé.

 Desde mi óptica de modelista y curioso de la historia poco más puedo aportar sobre Rocroi después de revisar la escasa documentación existente al respecto. Lo que si ha avivado mi imaginación de modelista es la imagen de unos hombres aferrados a la honra, agrupados en torno a sus enseñas, desangrándose poco a poco en medio de estallidos y disparos. Parece el retrato de una España decadente y agotada, atada a un pasado glorioso y pendiente de un futuro incierto. Los grandes ejércitos también jalonan su historia con derrotas épicas. Esa impresionante maquinaria militar que fue el tercio tuvo en Rocroi su inevitable capítulo trágico y memorable a la vez.



Ejército francés: 

Comandante: Luís II de Borbón, Duque de Enghien.

Tropas: 16.000 infantes, 7.000 jinetes y 12 piezas de artillería.

Bajas: 4.500 (2.000 muertos y 2.500 heridos).

Ejército Imperial:

Comandante: Francisco de Melo.

Tropas: 17.000 infantes (aproximadamente 5.000 españoles, los últimos en rendirse), 5.000 jinetes y 18 piezas de artillería.

Bajas: 7.300 (1.000 muertos y 2.000 heridos entre los españoles). La cifra incluye los 3.826 prisioneros.